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La Opinión al Día
¿Cómo de pública es la función pública?
Publicado el 4/1/2009
Datos del Autor
Enrique Dans
Enrique Dans
Profesor de Sistemas de Información en el Instituto de Empresa desde el año 1990. Es Doctor (Ph.D.) en Management, especialidad en Information Systems por la Universidad de California (UCLA), MBA por el Instituto de Empresa, Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidade de Santiago de Compostela, y ha cursado estudios postdoctorales en Harvard Business School. Sus intereses de investigación se centran en los efectos de las nuevas tecnologías en personas y empresas. Es colaborador habitual en numerosos periódicos y revistas como El País, El Mundo, Público, ABC, Expansión, Cinco Días, Libertad Digital o PC Actual en temas relacionados con Internet y las nuevas tecnologías, y escribe muy activamente desde hace más de cinco años en su blog, www.enriquedans.com, uno de los más populares del mundo en lengua española.

¿Cómo de transparente o de pública es la vida política? Ante la pregunta, incluso en democracias relativamente maduras, la gran mayoría de los ciudadanos dirían que muy poco. Sobre las actividades del político existe un halo de misterio, de sospechosa discreción, como si realmente fuese necesario ocultar al publico una parte de sus actos para poder llevar a cabo su función de una manera operativa. En realidad, esto es rigurosamente falso: no es necesario ocultar al público nada de lo que el político hace, y además, hacerlo favorece en gran medida la aparición de sospechas de corrupción. La transparencia y el control público de lo que ocurre en la vida política es, de hecho, uno de los ejes fundamentales en el programa del nuevo Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Transparencia sería, por ejemplo, saber qué está haciendo un político en cada momento: con quién se reúne, qué temas negocia, a qué acuerdos llega, qué influencias recibe… saber, realmente, a qué se dedica el político que tuvimos a bien escoger o que tuvieron a bien nombrar aquellos que escogimos. Ahora, dos iniciativas proponen, una en los Estados Unidos y otra en el Reino Unido, introducir algo de transparencia en la vida del político mediante una herramienta muy concreta: el microblogging. Dos páginas, Tweet Congress y Tweetminster, pretenden estimular respectivamente a los miembros de los parlamentos norteamericano y británico para que compartan su rutina diaria a través de Twitter, permitiendo a los ciudadanos tener una idea real de sus actividades a medida que éstas transcurren en tiempo real. En la página británica, de hecho, ya se han apuntado siete parlamentarios, entre ellos dos ministros del gobierno (Tom Watson y David Lammy), y lo que se pretende es dar cuenta de su frecuencia de actualización o del índice de transparencia resultante de cada partido. En la norteamericana hay ya cuarenta y cuatro miembros, algunos tan relevantes como Nancy Pelosi, Joe Biden o Hillary Clinton, aunque no todos lo actualizan todavía de manera regular o han dado el paso de transformarlo desde su papel original como arma electoral.

Una iniciativa que no garantiza realmente nada - se puede mentir, evitar contar determinadas cosas o incluso utilizarlo como coartada - pero que al menos intenta acercar la vida del político al ciudadano interesado en seguirla, aportar luz a sus actividades cotidianas, y facilitar a los ciudadanos que ejerzan presión sobre aquellos políticos que pretendan seguir manteniendo hábitos opacos.

¿Puede el microblogging, una tecnología sencilla al alcance de cualquiera, que no provoca pérdidas de tiempo y que puede ser llevada a cabo desde cualquier dispositivo, acabar siendo un arma interesante para incrementar la transparencia de la vida política?

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