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La Opinión al Día
“Algo sobre mi madre…” una inteligente realización artística
Publicado el 5/12/2011
Datos del Autor
Juan Ramón Díaz Colodrero
Juan Ramón Díaz Colodrero
Abogado - Ex Juex de Instrucción - Ex Fiscal de Cámara en lo Criminal y, entre otras funciones, Procurador General Adjunto del Superior Tribunal de Justicia del Chaco, cargo al que accedí por concurso de oposición y antecedentes - Apasionado del cine y el teatro

El 19 de noviembre, en el “Scholem Aleijem”, la reconocida actriz uruguaya, afincada en la Argentina, Gabriela Acher, desplegó su talento como intérprete y acreditó sus méritos como autora de una obra que fundamentalmente nuclea un objetivo central: el tratamiento de la maternidad como un tema inherente a la naturaleza de la mujer y a la exploración integral de la relación madre-hija, afrontando un desafío escénico de género unitario, donde la aguda ironía, una refinada mordacidad e improntas satíricas son los ingredientes principales con los que se conjugan los fragmentos más significativos del espectáculo, al límite de que la protagonista acuda a la posibilidad de “reírse de sí misma”.

Ello, acompañado de “conversaciones telefónicas” concretadas entre madre e hija, nos sumerge en un “universo” de situaciones donde, desde el humor, se arriba a la creación de un proceso reflexivo en el que el vínculo entre ambas, refleja la necesidad de concluir que la aprobación de una madre es trascendental para la generación de la auto estima de los hijos y, a su vez, la decantación que de todo ese “engranaje” psicológico hagan aquellos últimos de las experiencias mantenidas, a su vez, en el transcurso del tiempo, con sus propios hijos, servirá (al menos, en parte y durante ciertos estadios de su vida) para “percibir” cuál será el futuro que “cosecharán” las nuevas generaciones. No obstante ello, es tan desconcertante e impredecible la realidad actual, que -según la propia realizadora- “…cuando era chica, no había ningún respeto por los chicos…” y siendo grande, “…no existe ningún respeto por los grandes…”, por lo que en definitiva, “sentencia”: “…al respeto, nunca lo vi pasar, me lo perdí de ida y vuelta…”.

Dicha “mirada” de carácter introspectivo, suaviza el pretenso dramatismo que le irroga la exigencia materna, porque apela al humor para contrarrestarlo. Y ése es un mérito muy importante en su juego escénico. Sobre todo, porque convoca a la figura de la “idische mame” para hablar de la excesiva sobreprotección de la que es “víctima” como hija, el permanente reclamo con el que es asediada y la intransigencia y contundencia de los conceptos maternos, pero también se pregunta a sí misma, que, paradojalmente, no hace falta ser una madre judía, para ser una “madre judía”(??).

Y, con desconcierto, luego de asumir la experiencia de ser “también” madre, la protagonista, se “sorprende”, ante su hijo, adoptando algunas posturas que había asumido su madre, inmersa en un estado confusional, que la hace presa de una imprevisible angustia, al comprobar, en realidad, que en los tiempos actuales, su verdadera competidora es: … “la computadora”.

Así, el sexo (marginado y excluido por “la madre” como “fruto” del placer), el aborto, la rígida educación y la discriminación (en general), además de la “culpa” (herencia generacional atribuida por la actriz a su origen judío), son algunos de los componentes por los que transita la obra, amén de la lectura de “mails” provenientes del testimonio de otras madres que, insatisfechas con sus hijos, dejan traslucir que la polémica relación mantenida con aquellos, es un común denominador en todas las generaciones.

Pero cuando se aborda la temática de la “duda”, es cuando la entrega teatral adquiere un “clima” especial y hace que la actriz sobresalga en su actuación y  el libro también se enriquezca, provocando una pronta respuesta del público que genera carcajadas, además de admiración, por la interesante convocatoria que, a través del humor, se hace de uno de los grandes conceptos del psicoanálisis.

Por cierto, si apelamos al pensamiento cartesiano para el cual el sueño es una prueba evidente de la incertidumbre de nuestros conocimientos, Freud, en oposición, nos transmite que cuanto más nos hace dudar el sueño, más confirma la duda algo verdadero. Y de ello se vale la autora al  expresar que, por lo menos, antes de la proyección del “inconsciente” había certeza, pero que Freud “instauró” la duda, “graficando” que, mientras su madre vociferaba: “… esto es así porque yo lo digo!!!”, hoy “la hija” asume reflexiones similares a esta : “…tal vez la culpa la tenían mis padres porque no me dejaba pegar…”, o bien “…yo me dejaba pegar porque tenía culpa…”, aludiendo luego a la actual carencia de “límites” en la educación de los hijos.

En definitiva, la consagrada actriz de teatro, cine y TV, que acompañó a recordados elencos (Espalter, Almada, Carámbula, Bores, Gasalla, etc.) y fue merecedora de cotizados premios; entre ellos, el “ACE”, “Martín Fierro”, “Estrella de Mar”, aquilató positivamente en su obra el oficio de transmitir un humor inteligente, sin caer en la sobreactuación y cautivando al espectador.

Fuente: Diario El Libertador

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