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CINE La Opinión al Día
“La Riña”: una digna expresión fílmica
Publicado el 20/12/2011
Datos del Autor
Juan Ramón Díaz Colodrero
Juan Ramón Díaz Colodrero
Abogado - Ex Juex de Instrucción - Ex Fiscal de Cámara en lo Criminal y, entre otras funciones, Procurador General Adjunto del Superior Tribunal de Justicia del Chaco, cargo al que accedí por concurso de oposición y antecedentes - Apasionado del cine y el teatro

Durante los días 28 y 29 de noviembre, se cerró el Ciclo de Cine Nacional en el Teatro Vera con la exhibición de : “LA RIÑA”, obra dirigida por el misionero Maximiliano González, filmada en Santa Ana y algunos escenarios de la ciudad de Corrientes.

La realización, perteneciente al proyecto de TV Digital, goza de una producción meritoriamente lograda, donde las semblanzas históricas de una época se conjugan con los valores “éticos” que en ella se pregonan y, donde, a la vez, las “alteraciones” de sus prejuicios familiares y sociales juegan una “carta” indiscutible al momento de desarrollarse la línea argumental encarada por el autor, que “atrapa” al espectador. El hecho de hacer coincidir el impacto de la organización y ejecución de la primera huelga general pergeñada por los obreros de la construcción a nivel nacional, en 1936 (cuya repercusión llega hasta Corrientes), con una historia de amor que, desde sus inicios, morigera los efectos de una infidelidad en pos de sublimar el vigoroso sentimiento que la inspira, constituye un proceso creativo dotado de acierto. Sobre todo, porque los “climas” generados en el film “capturan” la sensibilidad del público.

El personaje de Dora, en la piel de la cantante y actriz Gicela Méndez Ribeiro, cumple acabadamente con el rol asignado, transmitiendo dulzura, pero a la vez, firmeza, en la defensa de sus convicciones. Bernabé, su hermano, fervoroso impulsor en Corrientes de la huelga general, encarnado por el actor rosarino Miguel Franchi y la aparición de Antonio, un joven paraguayo sobreviviente de la guerra, que transforma la vida sentimental y sexual de Dora, (Luigi Serradori), cubren los roles protagónicos que se complementan con el de Amílcar (esposo de aquella), interpretado por Mauro Santamaría, experimentado actor que se luce al componer a un hombre rudo que, en la ejecución de su música chamamecera, despliega un armonioso sonido grato a nuestros sentidos, pero, en sus actitudes personales, paradojalmente, nos hace “percibir” el amargo sabor de la intolerancia, el abuso, la adicción y la violencia. Particularmente, además, merece ser destacada la actuación del reconocido Dante Sena (a cargo de la boletería de nuestro coliseo correntino, en los años treinta) y la desempeñada muy naturalmente por el artista plástico Luis LLarens (Rufino) que “recrea” aquí las vivencias de un viejo amante del cine, que, aún lastimado por los sinsabores que la vida le brindó, sabe transmitir ternura, solidaridad y “apertura” a la hora en que las decisiones deben adoptarse y los sentimientos consolidarse.

La fotografía es, en general, correcta- y el sonido satisfactorio, aún cuando merezca una mención  especial el diseño y asistencia de arte, el vestuario y la producción integral, por cuanto el logro obtenido en estos rubros son notorios, dadas las dificultades que implica sostener la estructura de una ambientación “de época” en nuestro medio. La música está muy bien compaginada y, por su parte, la agrupación chamamecera (de ficción) “Los Tres del Litoral”, aporta  un repertorio que hace a nuestra identidad y conmueve las fibras más íntimas de la esencia correntina.

Se advierte estética en la composición escénica, que mantuvo despierto el interés de los asistentes a la proyección y la edición de montaje de los ocho capítulos cubrió positivamente las expectativas, siendo que el contenido (de carácter eminentemente regional) es una de los mayores virtudes de aquellas realizaciones que, como ésta, se valen de sus propios recursos humanos y técnicos para “contar” nuestras propias historias y leyendas, con un objetivo que enaltece el patrimonio cultural del NEA.

“La Riña”, por tanto, está focalizada en un marco en el que aflora un conflicto social del que surgen enfrentamientos violentos y proyecta básicamente su trama en una historia de amor “clandestino”, muy reprochable para la sociedad de ese entonces. Y es, en ese contexto, que el guión hace confluir, precisamente, la pasión desatada a través del romance genuino y el deseo irrefrenable de una pareja “prohibida”, con la pasión generada por los obreros que pretenden ejercer sus derechos al margen de la explotación de la patronal. Y es esa conducta, que para el momento en que se desarrollan los acontecimientos, asume el carácter de  ”transgresora”, la que facilita el desencadenamiento del trágico final. Todo ello, artísticamente “aggiornado”, como “telón de fondo”, por una “riña de gallos”, que sirve de esquema “referencial” de los bajos instintos de quienes, salvajemente, pretenden sacrificar animales, sentimientos y hasta vidas humanas, en pro de sus satisfacciones personales.

En definitiva, estimo que la realización comentada es una digna propuesta del cine regional que merece nuestro apoyo.

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