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La Opinión al Día
Lo que realmente ocurrió en el mito de la caverna
Publicado el 31/1/2012
Datos del Autor
Lucía Magdalena Acevedo
Lucía Magdalena Acevedo
Lic. y Prof. en Filosofía, egresada de la UNNE - Especialista en Desarrollo Social - Especialista en Orientación Vocacional - Cursando el doctorado en Filosofía - Premiada por la Universidad de Granada por las Propuestas de Desarrollo Indígena - Coordinadora de la Revista "Corrientes Filosófica... la otra mirada" - Nominada deportista del año (Club de Regatas Corrientes) - Madre de tres hijos - Jefa de familia.

La aparente dificultad de la interpretación del discurso mítico, propone una lectura alegórica más difícil de interpretar, pero esta dificultad, es una gran oportunidad de establecer lazos fascinantes entre los personajes y las circunstancias descriptas que a la hora de transportarse, crean espacios inmensamente atractivos diferentes para las cuantiosas personas que proponen su tratamiento.

Quizás la distancia entre el origo de nuestra vida y la experiencia de un tiempo fuera del tiempo que nos propone nuestra profesión- la educación- supone una estructura muy particular para referirnos a los personajes de la clásica Alegoría de la caverna de Platón.

Son vetas de oro, nuestros seres imaginarios. Viven en nuestras páginas de falsa erudición. La amenidad los junta y responden- a esos fantasmas- atendiendo a la entrañable necesidad humana que nos alienta.

Hurtamos en esta oportunidad, la intimidad de la cavernosa vivienda subterránea. Y de allí podemos explicar la situación no contada por Platón y Glaucón, la historia no oficial de la famosa alegoría.

El lugar no fue el laberinto de una caverna. Fue en realidad, en Corrientes, en un lugar en lo alto, casi cerca de la copa del verde paraíso, justo debajo de la sombra, donde se extienden las semillas. Allí, se encontraba el
hombre que se desató de las ataduras de pies y cuello, pero sólo pocos sabemos que detrás de ese hombre, escapó también- muy a pesar de Platón- una mujer. Y se movieron, juntos y ayudándose hacia la entrada… del profundo pozo que estaba por detrás de ellos - miraron prejuiciosamente.

Les habían dicho que se encontrarían viviendo en la oscuridad o ignorancia, hecho, que ameritaba un cambio de óptica para alcanzar la luz o sabiduría. Siguieron la ruta hacia el fuego- que estaba en el fondo del abismo. Ambos se ayudaron a quebrar la tapia que cubría la ruta a lo prometido. Descubrieron que por sobre la entrada, un cañón proyectaba las figuras del fondo. Hasta ahora, no se sabe quien manejaba o- mejor maneja- los teclados del aparato. Si, se sabe que por lo alto de sus cimas se exhiben las figuras que dicen ser reales y valiosas.

Ellos dos, percibieron siempre esas imágenes proyectadas, como marionetas en mano de un hábil titiritero.

Desatados, confiaron transitar la escarpada huida, casi lanzándose hacia lo bajo- según la promesa que hizo Platón- buscaron el prometido conocimiento.

Se colgó primero la mujer. El hombre sostenía sus tobillos, el cuello femenino se estiraba para rescatar la realidad, mirando lo profundo del pozo, se le escapó de la boca unas gotas de saliva.

Así, fue explicando lo que veía…

- Veo muchos hombres y mujeres, van y vienen. Llevan computadoras, libros, papeles. Están tan apurados que se atropellan entre sí. Llevan lentes y anteojos, casi no muestran el rostro.

- ¡Qué extrañas escenas describes y qué raros prisioneros!. Pregunta a alguno de ellos ¿a qué aspiran?

- Nadie me hace caso, son autómatas, parecen correr detrás de la sabiduría. Parecen necesitar de certificados, posgrados, titulaciones, compiten entre ellos, no importa el medio. Espera, veo que ellos están atados, también por duras cargas: la revalidación del conocimiento. Ya no viven, solo estudian. No aman, ni tienen tiempo de apagar la luz…algunos permanecen al costado, apilados como bolsas sin utilidad.

- Vuélvete mujer, mejor retornamos a nuestro lugar, encontré hace unos días un nido de pajaritos en la rama del paraíso. Estas promesas de conocimiento son más ceñidas de las que estamos acostumbrados a soportar.

- ¡Por Platón!, ¿qué dirán los moralistas e ilustrados de nuestro hallazgo?

- Igual que nosotros. ¿Crees que estas personas se preguntan entre sí, para qué todo este camino sin sentido?

- No lo sé, sólo volvamos, a no ser que se den cuenta y quieran usufructuar de nuestro tranquilo lugar de ignorancia.

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1 Comentario en “Lo que realmente ocurrió en el mito de la caverna”

  1. José Antonio Masferrer Galarza Dice:

    Muy buen intento Magdalena. Intentando romper las líneas convencionales del pensamiento que buscan descifrar al mítico Platón. Tu valentía para describir una percepción que arroje luz sobre los “prisioneros”de esta época en su falso intento de conocimiento intrascendente. Búsqueda ingenua, casi mágica. Sin conciencia crítica de la Realidad. Adelante Magdalena, siempre inquieta y buscando distintos caminos. Un abrazo platónico. José.

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