BOCA JUNIORS - RIVER PLATE
Por mucho tiempo estará en la memoria de quienes han tenido la dicha de vivirlo a este superclásico en vivo y en directo, una fiesta incomparable, ubicada a la altura de los primeros espectáculos deportivos del mundo.
El superclásico entre Boca Juniors y River Plate se encuentra en el segundo lugar del selecto grupo de los derbis más apasionados e importantes del mundo, de acuerdo a un informe de una página de Internet en la que hace mención a los juegos con mayor trascendencia, ubicándolo al duelo de los equipos argentinos apenas por debajo del que protagonizan Real Madrid y Barcelona, pero por sobre el que disputan equipos de la talla de Betis vs Sevilla (España), Milan vs Inter (Italia), Liverpool vs Manchester United (Inglaterra) o el Celtic vs Rangers (Escocia), por citar a quienes ocupan los seis primeros lugares de ese ranking.
Cada duelo entre Boca Juniors y River Plate es más que un derbi. De hecho, el partido ha adquirido el estatus de superclásico. Hasta un diario británico lo calificó tiempo atrás como uno de los cincuenta eventos deportivos dignos de ser vistos antes de pasar a una mejor vida…
Y no se han equivocado a la hora de hacer tal aseveración, lo que genera el derbi argentino es para vivirlo, y si es posible volverlo a vivir.
Porque genera todas las sensaciones, hasta esas inimaginables que llevan a pensar que uno, con algunos años encima, ya lo ha visto todo, pero cuán equivocado se está cuando se ve lo que estas dos camisetas pueden movilizar.
Es un espectáculo aparte, antes, durante y después, máxime cuando se da en situaciones como la que se dio en Resistencia, con una organización que bordeó lo impecable y que sólo dio lugar al deleite, al goce de la fiesta, sin tener que pensar en el ¿qué podrá suceder?, que muchas veces rodea a este tipo de acontecimiento.
Lo que se vio el miércoles en el estadio Centenario del Club Sarmiento fue una verdadera fiesta del fútbol, en la que no ganó Boca ni perdió River, sino que ganaron esas casi 25 mil almas que se congregaron para esta cita.
Muchas de ellas llegaron para tener su primera experiencia ante un hecho de esta magnitud, y no puede haber una que se haya retirado disgustada, porque más allá del resultado estuvo la posibilidad de vivir de cerca lo que generan estos dos verdaderos grandes, no sólo del fútbol argentino, sino mundial, como bien lo detalla el ranking antes mencionado.
Para quienes habitamos esta parte del territorio nacional, que no es habitual tener a estos protagonistas por estos lares, realmente llega a ser conmovedor.
Ver cómo desde horas tempranas se formaron largas filas a la espera de la apertura del estadio, para conseguir la mejor ubicación, sin importar el calor (aunque en este caso el clima fue benévolo y casi se puede decir que nos regaló un día primaveral y una noche magnífica).
Lentamente el coqueto estadio de la institución “decana” del fútbol chaqueño, fue tomando color, por un lado todo era “rojo y blanco” (la cabecera que da a la avenida Alvear, y la platea ubicada sobre calle 13), enfrente y detrás del otro arco, todo se vistió de “azul y oro”.
Allá por las 21, cuando parecía que en la popular de River no entraba ya ni un alfiler, ingresó un grupo de hinchas que se dirigió al corazón del sector para “darles su lugar” a “los borrachos del tablón”, la barra emblemática del “millonario” que desplegando sus banderas y al son de bombos comenzó a ponerle otro clima al primer superclásico en tierra chaqueña.
Algo menos de 30 minutos transcurrieron para que la historia se repita, esta vez la que se abrió en el medio fue la popular de Boca y la que hizo su ingreso triunfal era “la nº12″. Primero fueron tres bombos los que asomaron, cada uno elevando una inscripción “la” en el primero, “nº” en el segundo y “12″ en el tercero, por varios minutos así estuvieron formados mostrando al mundo quienes eran los que llegaban, después sí se le dio paso a casi un centenar de hinchas portando banderas con los colores “xeneizes”.
Con las dos barras en cancha, la fiesta tomó otro color, los intercambios de cánticos fueron una constante, sólo alterados cuando el técnico de Boca, Julio Falcioni, y su grupo de colaboradores pisó el campo de juego, recibiendo la ovación de unos y los silbidos de otros, después fue el turno de los arqueros, primero Agustín Orión y el uruguayo Sosa junto al entrenador de arquero Boca; luego el que ingresó a hacer su trabajo precompetitivo fue el uno de River, Daniel Vega, y el joven Chichizola. Cada grupo moviéndose a la sombra de su parcialidad.
Esto era el aperitivo de lo que se vendría después, apenas pasadas las 22, ambos planteles ingresaron al campo de juego junto al árbitro del partido Diego Abal.
La fiesta estaba en marcha, un público apasionado lo vivió. Algunos lo sufrieron, otros lo gozaron, pero lo inolvidable será que el 25 de enero de 2012 por primera vez en la historia del fútbol argentino, Boca Juniors y River Plate protagonizaron en esta parte del país, más precisamente en el estadio de Sarmiento de Resistencia, el segundo derbi más importante del mundo.
Fuente: Diario Epoca

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