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CINE Y PREMIOS OSCAR La Opinión al Día
La estandarización del cine
Publicado el 5/3/2012
Datos del Autor
Juan Ramón Díaz Colodrero
Juan Ramón Díaz Colodrero
Abogado - Ex Juex de Instrucción - Ex Fiscal de Cámara en lo Criminal y, entre otras funciones, Procurador General Adjunto del Superior Tribunal de Justicia del Chaco, cargo al que accedí por concurso de oposición y antecedentes - Apasionado del cine y el teatro

No cabe duda que en su conjunción de causa y efecto, el cine goza de una dicotomía especial que relaciona dos conceptos que, en apariencia son asimétricos, no obstante lo cual, al complementarse, pueden generar productos maravillosos: el arte y la industria. En efecto, desde las primeras creaciones de los hermanos Lumiére, con: “El Jardinero” (”Le Jardinier”), o “La llegada de un tren a la estación” (”L’ Arrivée d’un train en gare de La Ciotat”) de 1895 y los filmes de George Meliés; entre ellos: “El viaje a la Luna” (”Le voyage dans la lune”, de 1902), seguidos por “El Nacimiento de una nación” (”The Birth of a nation”, de D.W. Griffith’s), de 1915; “Nosferatu, una sinfonía del horror” (”Nosferatu- Eline Symphonie des Grauens”, de FW Murnau), de 1922; la primera versión de Cecil B. De Mille de “Los Diez mandamientos” (”The Ten commandments”), de 1923; “La Quimera del oro” (”The gold Rush”, de Charles Chaplin) y “El Acorazado Potemkin” (”Brosenosec Potjomkin” de Serguéi M. Eisenstein), ambas de 1925, (conf. “100 clásicos del Cine”, Jürgen Müller, Vol. I. Ed. Taschen), los pioneros realizadores franceses, los norteamericanos, los alemanes y los rusos aportaron brillantes realizaciones en las que se preservó tanto la estética del arte como la posibilidad de su industrialización fílmica. Y hasta la década de los ‘80, aún con momentos de grandeza y decadencia, el cine ha gozado de una diversidad notable en su programación que fue masivamente receptada por los espectadores que acudían a las salas de proyección.

Sin embargo, desde el momento en que la distribución cinematográfica se sumerge dentro de la tan mentada “globalización”, que es casi coincidente con el advenimiento de nuevas tecnologías (VHS, computadoras, DVD. etc.) y deja de abordar (por lo menos, mayoritariamente), temáticas inherentes a la “humanización” del hombre, para sostener tramas superficiales que, de manera persistente, se adaptan o se adecuan a un determinado modelo, o se ajustan a un “tipo” preestablecido, se adentra en el fenómeno de la “estandarización”, es decir, aquel proceso que hace referencia a la existencia de un modo establecido, aceptado y seguido como parámetro previsible para el funcionamiento de determinados espacios (conf. www.definicionabc.com).

No siendo el cine, entonces, materia excluyente de aquel estigma cultural, es objeto de una distribución en la que se “mundializa” la idea de que un producto fílmico debe corresponder a una naturaleza similar,  elucubrada y fabricada de acuerdo a determinadas reglas de estandarización, descartando ya entonces el distribuidor (al menos, en un vasto sector de Latinoamérica, que comprende a nuestro país y, sobre todo, en lo que es de nuestro especial interés, a las regiones del NEA), películas que estimulen la atención, no sólo del público infantil y/o adolescente, sino también del adulto y produciendo un desmadre en lo que hace a la posibilidad de elección de la programación cinematográfica, a no ser que nos resignemos a “convivir” fílmicamente con ardillas, pingüinos, gatos, insectos, ogros, etc. (en circunstancias en que no estemos acompañando a hijos menores o nietos a las salas de proyección), sin perjuicio de recordar el predominio de espectros “robóticos”, “transformers”, “mutantes” cibernéticos, etc., que debemos soportar en caso de asistir a programaciones que durante, a veces, largos y espaciados meses, nos brinda la cartelera local, con honrosas y esporádicas excepciones.

Considero entonces, que la “decadente” selección de filmes, en los que no prevalece el tributo, el estudio y/o el análisis de la esencia, los valores y las costumbres del hombre, obedece, en buena medida, a aquel proceso de globalización, que, sin perjuicio de su inicial origen económico, atraviesa hoy aristas tecnológicas y sociales y crea interdependencia entre diferentes países del mundo unificando los mercados mediante una sucesión de transformaciones políticas de carácter global, generalmente destinadas a sociedades que viven bajo el rigor de un impiadoso comercio que, lejos de democratizar su cultura, la han determinado hacia un “ordenamiento” industrial, con minoritario contenido artístico. Y de esa manera, por ejemplo, ha olvidado considerar que, entre muchas otras funciones, el cine cumple con el rol de recordar la historia, posibilitando la exteriorización de opiniones diversas acerca de un suceso.

Dentro de esta perspectiva, opino que los espectadores y cinéfilos tenemos que restañar las falencias existentes y ejercer el derecho de bregar porque se nos ofrezca algo diferente en la “estandarizada” cartelera del ámbito cinematográfico nacional y local. De lo contrario, nos encontraríamos siempre viviendo la sensación de estar “comiendo” las mismas “hamburguesas y papas fritas” que ofrecen algunas cadenas de comidas rápidas, en una sala de proyección.

Para colmo, con sólo leer en un periódico cuál es la programación de la zona, advertimos que tanto en Corrientes como en las ciudades cercanas, aquella es idéntica, de manera tal que las concesionarias de cine nos brindan todas las semanas, reiterativamente, las mismas ofertas, excluyendo prácticamente del “menú” a películas extranjeras que no sean las norteamericanas, con escaso “flujo” comercial de las argentinas y nulo de las latinoamericanas.

Con ello, no estoy defenestrando al cine del Norte, cuando éste, en numerosas y reconocidas obras, ha realizado aportes fundamentales a la historia de la cinematografía mundial, pero sí demando una mayor apertura en la distribución de cine europeo, asiático y de otras latitudes que en otros períodos estuvo presente en la agenda de nuestra región y hoy brilla por su ausencia.

Fuente: Diario El Libertador

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1 Comentario en “La estandarización del cine”

  1. Diego M. Lopez Dice:

    Coincido plenamente con el comentario de Diaz Colodrero en lo que respecta a la decadencia, el ordenamiento y el espíritu comercial, no se trata de llevar arte, pensamiento e ideas, tampoco de plasmar ejemplos epopéyicos.

    Se trata de entretener sin intentar tener sentido artístico ni intelectual; es probable que tampoco sea políticamente correcto hacer un esfuerzo en ese sentido, el artístico o el intelectual .

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