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La Opinión al Día
La red, la libertad y el salto generacional
Publicado el 20/3/2009
Datos del Autor
Enrique Dans
Enrique Dans
Profesor de Sistemas de Información en el Instituto de Empresa desde el año 1990. Es Doctor (Ph.D.) en Management, especialidad en Information Systems por la Universidad de California (UCLA), MBA por el Instituto de Empresa, Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidade de Santiago de Compostela, y ha cursado estudios postdoctorales en Harvard Business School. Sus intereses de investigación se centran en los efectos de las nuevas tecnologías en personas y empresas. Es colaborador habitual en numerosos periódicos y revistas como El País, El Mundo, Público, ABC, Expansión, Cinco Días, Libertad Digital o PC Actual en temas relacionados con Internet y las nuevas tecnologías, y escribe muy activamente desde hace más de cinco años en su blog, www.enriquedans.com, uno de los más populares del mundo en lengua española.

La ofensiva contra las libertades en Internet se acentúa por momentos. El número de dirigentes con vocación liberticida crece, a medida que lo hacen las campañas de presión de determinadas industrias por obtener compromisos o alianzas que les hagan creer que serán capaces de “controlar” la red. Y los usuarios habituales, mientras tanto, oscilamos entre tres grupos: los que intentan entender o justificar las restricciones argumentándolas con respecto a los equilibrios que existían antes de que existiese la red, los que intentan luchar contra el recorte de sus libertades con protestas más o menos visibles, y un tercer grupo, sin duda el más numeroso, que simplemente no hace nada, haciendo honor al tan habitual perfil de lurker en Internet.

El planteamiento, cada día más, es el de que la aparición de Internet fue capaz de brindar, durante unos años, un espacio de libertad sin precedentes no sometido a muchas de las restricciones tradicionales, y que en realidad, acabará siendo una simple anomalía o paréntesis histórico cuyas características principales desaparecerán. Que la libertad en la red, a pesar de estar determinada por su mismísimo código, no es libertad sino libertinaje, y que terminará siendo llevada de nuevo al redil. Que el equilibrio debe prevalecer, como si ese equilibrio que plantean fuese, de alguna manera, un equilibrio basado en la “ley natural”, algo inamovible que hubiese sido así toda la vida.

En el fondo, el problema es puramente generacional, generaciones A.I., nacidas antes de Internet, frente a generaciones D.I., nacidas después de Internet. Los gobernantes que hoy intentan recortar lo que podemos y no podemos hacer en Internet para así intentar preservar el equilibrio que había antes de que la red existiese lo hacen, en realidad, porque no son capaces de explicarse que alguien de verdad pretenda romper dicho equilibrio, y mucho menos que no se pueda hacer nada para evitarlo. La red, para ellos, es una molesta anomalía, algo que no pueden controlar, en un entorno en el que prácticamente todo puede ser controlado. El que la red no acepte restricciones, el que las leyes no puedan actuar sobre ella si contradicen el código con el que fue creada, es algo completamente inaceptable, algo contra lo que hay que luchar como sea. Poco importa que el “equilibrio” al que aluden sea, en realidad, un invento artificial de no hace tantos años, poco importa que los tratados y convenios en los que se apoya no pretendan salvaguardar el bien común sino el negocio de unos pocos, y poco importa que las medidas que tomen sean desmontadas una detrás de otra por la terquedad de la red y la imperturbabilidad de su código: lo importante es preservar el equilibrio que existía en el mundo que conocieron antes de la red. Y de paso, por supuesto, el negocio, que es el que en realidad lo mueve todo.

Mientras, las generaciones D.I. esperan que llegue su momento. No hay mal que cien años dure ni ministros liberticidas que no acaben dejando sus cargos. Para una persona que entiende la red, con ha convivido con ella desde que era pequeño, la idea de “controlarla”, de restringir lo que circula por ella, de someterla a determinadas leyes es directamente una locura. Una locura temporal, que durará lo que duren en el poder los que no entienden ni llegarán nunca a entender la red.

Piensa en cuál de los grupos te sitúas. Si intentas entender o justificar las restricciones, si crees sus argumentos porque se apoyan en estructuras incuestionables que te parecen más grandes que tu propio razonamiento, serás como ellos, como la panda de carcamales y reaccionarios que intentan preservar el orden anterior a la red negando obtusamente los cambios que ésta trae necesariamente consigo. Y si eres de los lurkers, ya sabes: Martin Niemöller. En este tema, solo vale el activismo.

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