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Palabra de Periodistas
El pacto de gobernabilidad vuelve a la escena, pero para ser cumplido
Publicado el 9/3/2010
Datos del Autor
Carlos Gelmi
Carlos Gelmi
Periodista. Director Periodistico del diario EL LITORAL.

Esta semana, la calesita de la historia pegó una brusca frenada. Algunos desprevenidos sintieron el impacto de la inercia y casi se dan el frentazo contra el parabrisas de tan empecinados que están en mirar por el espejo retrovisor. Se reiteró aquello de que el hombre es el único animal capaz de tropezar con la misma piedra. O actualizando el dicho, algunos personajes son capaces de chocar al volante de un coche de esa calesita.

Volvimos hacia atrás, y allí nos encontramos con un coro de viejos fantasmas que siempre aparecen según circunstanciales conveniencias: destituyentes, traidores, palos en la rueda, conspiradores, enemigos, jueces alquilados, francotiradores, etc., sólo para utilizar los términos más suaves y sin caer en referencias escatológicas como las de Hebe Bonafini (“La oposición es una mierda”). Y hasta hubo referencias presidenciales a cuestiones íntimas, como si la Cadena Nacional fuera escenario de un programa chimentero de TV.

Cada vez que un gobierno tiene problemas, ocurren estas cosas: la lengua se queda sin freno y la intolerancia conduce a destinos sin retorno. El airado índice acusador de algunos protagonistas -que debieran dar el ejemplo de lo contrario- reparte responsabilidades a los cuatro vientos, en un lloriqueo de víctima autoprefabricada.

Sin llegar a esos extremos, aquí ocurrió otro tanto, saliendo a la luz un sismo que estaba latente, agrietando las filas radicales que sostienen al gobierno de Ricardo Colombi.

Eso es casi una anécdota o un estribillo que se reitera en el folklore de la política, de aquí, de allá, de cualquier parte.

El mensaje gubernamental inaugurando el período ordinario de sesiones, no escapó a esa tendencia. Las referencias a la actitud que deberían adoptar nuestros legisladores frente a los K fueron el último intento para acercar algunos votos a la crucial votación del Senado.

En ese mismo mensaje, Colombi (Horacio Ricardo) dijo:

“Es necesario que, nuevamente, los principales actores de la política y de la sociedad se encuentren. Sólo la renovación del diálogo y pacto de gobernabilidad ha de permitirnos enfrentar el desafío por venir, a saber: turbulencias económicas, exigencias sociales impostergables, mayor competencia política de cara a las elecciones del próximo año. Más aún, en los años venideros, la austeridad que se anuncia ya, ha de ponernos necesariamente a prueba. Estarán a prueba nuestros valores, nuestros principios y nuestra capacidad de solidaridad. Estas pruebas pueden fortalecernos, pero también pueden ser circunstancias más que propiciantes de la conducta económica, del cálculo egoísta, de las tácticas arteras”.

Conclusión: un diagnóstico preocupante y un desesperado llamado a volver al diálogo y al pacto de gobernabilidad. Como un médico de cabecera convocando a una junta de consulta dispuesto a aplicar viejas pero efectivas recetas.

Colombi habla de la necesidad de renovar el diálogo y el pacto de gobernabilidad, en un honesto reconocimiento de que ambas cosas se dieron en ejemplares jornadas de civismo, y se lograron excelentes acuerdos algunos de cuyos puntos se cumplieron, pero la mayoría no, pues quedaron cajoneados apenas terminado el escrutinio.

El 7 de julio de 2001, en el salón de actos de la Escuela Normal Juan Pujol: cuatro días después en el Scholem Aleijem y otra en el salón San Pablo de la Iglesia Catedral, ejemplares asambleas que convocaron a representantes de todos los partidos políticos y entidades no gubernamentales, llegaron a conclusiones acordadas en forma unánime, que después tuvieron su concreción en los hechos (como la tardía reforma de la Constitución).

La constante prédica dominical de monseñor Castagna, luego continuada por su sucesor, Andrés Stanovnik, fueron las clarinadas que con precisión y claridad, por encima de las banderías de cualquier tipo, acicateaban a los asambleístas y alertaban a la población.

En aquellos tiempos, nuestra provincia estaba bajo la intervención federal de Oscar Aguad (el mismo que hoy lidera a los diputados nacionales de la UCR) bajo la inspiración de su antecesor Ramón B. Mestre, a la sazón ministro del Interior.

Aparte de las expectativas generales, había otra idea compartida: ponerle fin a la intervención federal. (Desde el Congreso Nacional, el entonces diputado nacional Horacio R. Colombi, preconizaba su prolongación.)

El tema da para mucho, razón por la cual volveremos próximamente sobre él. Pero, a la luz de los últimos hechos, hay que destacar que en aquel Pacto de Gobernabilidad, entre sus muchas expresiones, se decía: “Exigir a la Intervención Federal que provea a las personas que resulten electas en las próximas elecciones, la información necesaria, debida y legalmente documentada, inherente a toda su gestión de gobierno, para un ordenado funcionamiento del período de transición”.

Letras más, letras menos, todo como hoy. La calesita no se detiene, pero siempre llega al mismo punto. Y a volver a empezar.

FUENTE: DIARIO EL LITORAL (www.el-litoral.com.ar)

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