Es muy difícil hablar de la necesidad de “poder gobernar” que reclama la Sra. Presidente.
Cuando las elecciones de medio tiempo marcaron un quiebre evidente entre el gobierno y la ciudadanía, el gobierno de los K llevaba casi seis años en el poder.
Durante ese período y medio los K exhibieron todos sus recursos políticos, personales, técnicos, etc. en una exitosa tarea de construcción de poder que alcanza la cúspide en el segundo año de Néstor.
Pero el Poder es solo eso: capacidad de influir, de conducir, de ejecutar, de hacer que otros hagan… pero no es malo ni bueno en sí mismo, lo es en función de sus resultados, del sentido que se le imprime a esa capacidad, de la eficacia de sus decisiones y, finalmente, de la aceptación ciudadana que prorroga o interrumpe la concesión de tal poder.
Durante ese tiempo de construcción las condiciones de la economía milagrosamente empezaron a revertirse respecto a las que imperaban en los años anteriores y la tarea se allanó sensiblemente y avanzó “viento en popa” hasta llegar a la transferencia conyugal del bien logrado poder.
Pero aquellos buenos vientos que impulsaron la recuperación argentina (no el crecimiento) encontraron en su camino obstáculos inesperados que dilapidarían recursos a manos de un populismo trasnochado que, naturalmente, terminó muy pronto provocando mayor pobreza y mayores conflictos que al principio.
El poder se transformó en demagogia y aparecieron los subsidios que, primero, fueron una fuente de inmensa corrupción y después, ocultaron las ineficiencias empresarias y estructurales de la economía para terminar en caprichos políticos en defensa de la “mesa de los argentinos” culminando con los previsibles aumentos de precios que desvirtuaron la “defensa” en un brutal ataque a “la mesa” que se decía defender.
Los famosos superávits que se difundían como grandes éxitos administrativos, después de tantos despilfarros, terminaron en manotazos a cuanta caja estuvo a su alcance para disimular un equilibrio en las cuentas que ya se había perdido en medio de millonarios gastos improductivos y en la ausencia total de política económica.
Pero las cajas se terminaron, la ineptitud mostró su rostro y recrudecieron los conflictos que, a simple vista, van extendiéndose por toda la geografía nacional incluyendo a los sectores populares que decían “incluir” con un “modelo” que nunca existió y que se quiso “profundizar” escondiendo el gran “agujero negro” que es el presupuesto 2010.
Durante estos dos períodos de gobierno hicieron y hacen, todo lo que quisieron hacer con la política internacional e interna, con la economía, con los recursos presupuestarios, con los gobernadores, con los legisladores “boro-cotizados”, con la prensa, con el campo, la industria, el “futbol” etc. sin embargo, los resultados del uso de tamaño poder terminaron mostrando que el “modelo” se agotaba en su propia inconsistencia.
Por supuesto no podemos olvidar el affaire Banco Central, los DNU, los incumplimientos de los fallos judiciales y los insultos a la Justicia. Es una tendencia declinante irreversible de un poder hecho debilidad.
El furioso reclamo presidencial para que se le “deje gobernar”, pretendiendo esconder su impericia en la de los que “estuvieron antes”, es como pedirle al hambriento que no coma.
Gobernar parece confundir al poderoso haciéndole creer que el presidencialismo argentino es una monarquía medieval y que el poder ostentado viene de Dios.
Los últimos desmanes institucionales muestran una conducta poco racional que ya excede los límites de la tolerancia política y, como ya lo estamos viendo, también supera la tolerancia popular.
Desde hace mucho tiempo los observadores políticos, nacionales y extranjeros, vienen pronosticando un retiro anticipado del matrimonio gobernante, no por la reciente “obstrucción opositora” sino por la fantástica acumulación de errores y la compulsiva búsqueda de enemigos de todos los sectores y tamaños. Tanto usaron los agravios, la desmesura y las presiones, que lograron juntar a los que nunca se hubieran juntado ni en la misa. Un “mérito” político muy revelador: el poder se agota por mal uso.
El rumor del adelanto de las elecciones para marzo del año que viene es un intento para disfrazar la huída pero, sino adelantan también la entrega del gobierno, tendremos horas de mucha inestabilidad social y política.
Para terminar, observemos que la economía está rechinando a través de los precios y, sin duda alguna, esa es la prueba más cabal de que se equivocó el rumbo en el uso del poder. Los pobres serán más, la inseguridad será peor y la incertidumbre cobrará su precio.

Procesando... 



























