Siempre, en cualquier relación humana, existen los que priorizan el diálogo y los que se mueven mejor en la pelea. En ese contexto, la política de Corrientes suele ser muestra cabal de un sistema acostumbrado (mal) a la disputa y la pelea. La historia misma nos remite una imagen casi repetida. Peleas y más peleas que nos llevaron a un presente nefasto, en cuanto a los índices de pobreza, desocupación y otros males.
No obstante éste clima hostil, algunos supieron ‘aggiornarse’ a los tiempos, y aprendiendo de errores saben que no se llega a nada abriendo la boca a diestra y siniestra. Y otros no. Lamentablemente éstos últimos suelen aparecer seguido, abortando cualquier posibilidad concreta de una razonable y sincera relación política.
El martes pasado, sorpresivamente, el gobernador Ricardo Colombi (jefe máximo del radicalismo gobernante) recibió en su despacho a Rubén Pruyas (titular del PJ correntino). Uno, conocido por su particular dureza para relacionarse políticamente, y otro un hombre acostumbrado a hablar con unos y otros, amigos y no tanto. El encuentro, más allá del formalismo institucional que conlleva, fue ni más ni menos que la primera conversación, después de los roces, del partido gobernante y el principal partido opositor en Corrientes.
Connotaciones al margen, la cita implicó un avance, algo positivo.
Habrá, seguramente, pedido Pruyas alguna explicación de las tan comentadas opiniones respecto a ‘un gobierno paralelo’ instalado en Corrientes, declaraciones ‘poco beneficiosas’ del primer mandatario, poco proclive a utilizar la mejor cara para al menos suavizar enojos.
Y habrá sido el mercedeño quien aprovechó, sin dudas, para demostrar porqué cree que es así, que ‘le están gestionando encima’.
Todo bien, si se daría en esos términos.
Pero luego de eso, de uno y otro lado, salieron a despotricar cosas, pegando duro a amigos y no tanto.
Volvemos a lo mismo? En parte sí, porque la apurada actitud de enojo de algunos enturbia la factibilidad de las negociaciones. Por eso se pide prudencia. A propios y extraños. Al gobierno y a la oposición.
De una vez por todas deberán aprender a callar de manera oportuna, para no ofender a nadie, o en todo caso para evitar ‘meter la pata’.
A la destacable actitud de acercamiento, se responde con declaraciones fuera de lugar, que hablan de celos, de que cada uno se meta en lo suyo, etc. etc. etc.
Y volvemos a la nada.
Por eso vale apostar al diálogo. Conversar suele tapar la pelea de quienes son sordos en la posibilidad concreta de acordar.

Procesando... 



























